También es celebrado Viernes Santo
en el Calvario, cuya subida está iluminada mediante
antorchas. Al llegar la noche se lleva a cabo el Entierro
de Jesús por la hermandad del Santo Sepulcro. Tras
tres toques de silencio, el cura párroco del pueblo
recita un sermón y da paso a la realización
del Entierro, donde los Soldados Romanos llevan a cabo una
pequeña escenografía antes de que el Sepulcro
sea encerrado en la Ermita del Calvario, donde permanecerá
allí hasta Martes Santo del año siguiente.
Después, la Hermandad del Santo Sepulcro desfila
con un palio, sustituyendo al trono e imagen, a su regreso
a la Plaza de España.
Citas
“Mañana despiden a Jesús,
el hijo del carpintero, al que han ajusticiado en el Calvario,
sin que se sepa por qué... ...se le ha visto andar
sobre las aguas de la Laguna y ha contado Bienaventuranzas
en el cerro... ...Plañideras, vosotras desde la Rambla
hasta las Balsas. Tú y tú, desde la Rinconá
del Aire hasta el Cerrico Blanco. Vosotras tres... Tienen
que ir de casa en casa diciendo que mañana es el
acompañamiento del Cuerpo de Jesús hasta la
Cueva de Pedrobarro, que la ha comprado especialmente para
esto José, un amigo de la familia, que ha venido
desde Arimatea.”
(J. Mª Hurtado Ríos.
Rev. S.S. 1976)
“La procesión es muy triste
cuando sube. Los penitentes, descalzos unos, arrastrando
cadenas otros, con la cara tapada, llevan en sus almas una
pena, un ofrecimiento o una petición. El Entierro
se hace en la puerta de la ermita. Es el último adiós.
Después van a meterlo dentro, y allí se quedará
en la tremenda soledad de este cerro de tomillo y gobanitas.
La bajada es todavía más triste. Vuelven todos
los que subieron. Vuelven todos menos Él. En su lugar
baja un palio llevado por seis de los que agarraban en el
anda sepulcral.”
(Guillermo A. Paterna Alfaro. “La
Verdad”. Abril 1982)
“A la caída de la tarde, las
cofradías visten de luto: Jesús ha muerto.
El Santo Sepulcro es trasladado al Calvario entre el silencio
de las gentes y el ronco sonar de un único tambor
y el trallazo áspero de los horquillazos”
(Angela Navarro González.
Rev. S.S. 1985)
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